a la memoria de Olga, a su figura entrañable.
a Kiki, otro regalo incomparable de la vida,
por el amor y todo el camino recorrido en estos veinte años.
Estaciono en doble fila, apresurado por hacerme del libro. Lo he encargado telefónicamente unos minutos antes y ni siquiera me ocupo de apagar el motor, tampoco por silenciar la radio que escuchaba –distraído– mientras viajaba hacia la librería.
Regreso rápido, el tránsito por el centro se pone pesado en horas del mediodía. No he recorrido ni cincuenta metros y advierto que están hablando de las torres gemelas. Me siento sacudido. Es cierto, hoy es 10 de septiembre y mañana se estarán cumpliendo veinte años de ese acontecimiento. Una congoja especial me invade, comienza a recorrerme el cuerpo.
Evoco aquel martes inolvidable para la humanidad y vuelvo a sentir el mismo estupor, esa opresión desconocida que nos consternó, en la media mañana, mientras el mundo entero seguía el atentado por la televisión. “Un atentado terrorista que cambió la historia” es lo último que escucho decir a un periodista aunque ya mi cabeza viaja por otro lado.

Mis recuerdos se entrelazan difusos, pero allí estamos, con Olga, congelados en el living de casa, atenazados desde la pantalla por las imágenes repetidas infinidad de veces en la televisión, con el fuego y el humo, y la gente que se arroja al vacío, con el sonido de las sirenas y las torres que se derrumban hasta dejar un hueco. Un hueco inmenso y oscurísimo como la nube de polvo que parece querer ocultarlo, disimulando esa tragedia tan absurda como inconmensurable.
Manejo de forma mucho más automática de lo que suelo hacerlo de manera habitual. No estoy atento a nada de lo que me rodea, tampoco puedo contener ya las lágrimas, mucho menos me importa, mi cara está empapada. La radio sigue diciendo cosas y relatando historias que he escuchado mil veces. Mi memoria salta ahora al jueves siguiente, cuarenta y ocho horas después. Allí la veo a Kiki, internada, recuperándose de la anestesia. Acabo de sacarle su vesícula enferma.
Las imágenes llegan a borbotones. Aparecen el accidente – incomprensible – en la tarde del viernes que sucedió a ese martes y uno de mis últimos registros de la figura de Olga, serena, con sus ojos cerrados, recorriendo sobre una camilla los pocos metros que la separan del quirófano. En ese momento no lo sé y mucho menos quiero imaginarlo, pero ya nunca volveré a cruzar su mirada profunda ni escucharé su voz. Le quedan –a ella y a nuestro matrimonio– menos de un par de días, quizás unas cuarenta horas de una lucha durísima. Olga las transitará en la terapia del mismo sanatorio, yo consumido por la durísima pelea interna entre el cirujano que conoce el destino y el esposo que se niega a soltar la esperanza.
Una de las últimas imágenes de Olga en la televisión de Bahía Blanca/septiembre 2001
Veinte años se cumplirán mañana desde aquella semana que quedará grabada para siempre en la historia del mundo. Veinte años desde aquella pérdida tremenda, desde aquel arrebato que transformó para siempre mi vida.
Nota del autor: Escribí este breve relato unos meses atrás, el 10 de septiembre de 2021. Intenté, en pocas líneas, contar lo que pasaba con mis sentimientos en las vísperas de ese aniversario y todos los instantes y las sensaciones que pueden quedar alojados entre nuestros recuerdos. El texto original quedó escondido dentro de mis archivos, relegado, con seguridad, por otras urgencias mucho más emparentadas con la finalización de mi carrera. Anoche apareció ante mí, ¿de manera casual? Creo que algo dentro mío me estaba pidiendo compartirlo.

Qué sanador poder contar tu historia!
“Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera,
Nadie quiere que adentro algo se muera
Hablar mirándose a los ojos
Sacar lo que se puede afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas”
(De la canción Soy pan, soy paz, soy mas)
Por veinte años mas! Te amo
Hermosa Kiki!!! no vale contestarme así, me desarmás.
Fuiste un tremendo regalo que me ofreció la vida como la contracara ante el golpe más duro. Seguís siendo el sostén indispensable que alimenta mis días.
Te amo!!!
Alberto querido gracias por, justamente un cardiocirujano, abrir tu corazón. Abrirse, a contrario sensu de las heridas sangrantes, conduce a la paz. No se cura el dolor, se aprende a vivir con él. Creo que el sabio es, precisamente, el que logra extraer aprendizajes de experiencias como las que nos has compartido
Hablando de privilegios, un gusto enorme encontrarme con tu comentario. Me alegra que coincidan todos en lo sanador que puede resultar abrirse, no tengo dudas de ello. Abrazo grande Germán!!!!
Alberto querido,cómo olvidar esa historia? Alguna vez tuve el gusto de leer algo que escribiste sobre Olga…pluma privilegiada la tuya,y privilegiados aquellos destinatarios de algun texto que vos escribis.No importa si ese destinatario esté o no en el mundo de los vivos.Merecer un escrito tuyo da sentido a la vida y por què no a la muerte?
Abrazo enorme.Gracias por compartir algo tan entrañable y personal.Te quiero
Privilegio es cosechar esta devolución de alguien que como vos conoce y trabaja a diario en ese angosto pasillo por donde transcurren la vida y la muerte. Marina (para quienes no la conocen) ha sido una entrañable compañera en el final de mi carrera médica, como estudiantes ambos (ojo!!, aclaración muy necesaria, muchísimo más joven que quién esto escribe)y es poseedora, además, de una sensibilidad muy cultivada. También te quiero Marina, y mucho!!!
Recuerdo el momento en el que me enteré de la partida de Olga. También recuerdo la expresión desencajada de tu cara, de desconcierto, de desamparo; mirabas como buscado una explicación. Y también recuerdo tu cara de felicidad el día del casamiento con Kiki, cómo un gran premio por el dolor soportado. Te agradezco que hayas compartido este relato que contrasta el momento más duro de tu vida con el momento más feliz. Les mando un abrazo a Kiki y a vos , y el recuerdo para Olga.
Querido Raúl cuan importante son para nosotros los afectos cercanos, la hermandades que se construyen desde toda la vida. Si para gozar de los momentos de felicidad se hacen muy necesarias para los de desesperación tornan imprescindibles. Valoro y agradezco a la vida haber contado siempre con la compañia que sabe brindarnos nuestra inmensa familia. Gracias, gracias, gracias!!!
Te acompaño amigo
Gracias Jorge, otro de los amigos mágicos con los que compartimos nuestro camino de estos últimos años. Abrazo inmenso!!!!
Cómo siempre muy bueno!!!
Gracias Rodo, conocés muy de primera mano todo lo que relato. Abrazo!!!!
Me impacto este recuerdo de un momento de tu vida, fuerte todo.
Toda mi gratitud y cariño Mary, sos una fiel lectora!!!
FUERTE!¡!¡¡¡DIGNO DE UN HOMBRE QUE AMO A UNA MUJER Y QUE PUEDE ENCONTRAR EN OTRA ,UNA VIDA CREATIVA ,DIFERENTE,INCLUSO CON DESCENDENCIA!!!!LO MAS DIGNO ES QUE EN EL CORAZON Y LA MEMORIA ,AMBAS PUEDEN COEXISTIR!!!¡ CREO QUE ESO ES LO MAS DIGNO!! CARIÑOS SARA
Gracias Sara por tu señalamiento sobre la dignidad, es una de las constantes preocupaciones de mi vida. Y que es fuerte?, si, no tengo dudas, tan fuerte que ha marcado mi vida. Cariño enorme!!!
Conmovedor tu relato de esa semana del 2001 tanto a nivel personal como a nivel mundial!
Cuando lo leía me embargó una gran tristeza pensando en cómo te habrás sentido en esos días!
Pero “alguien” puso también en esa trágica semana a Kiki en tu vida y juntos empezaron a transitar un camino que te llevó a la sanación y a volver a sentir la felicidad.
Un fuerte abrazo!
Apelás como Kiki, no es mera coincidencia, al término «sanación». Eso es lo que quisiera que quede como corolario de este corto relato. Gracias como siempre querida Judith, amiga mágica que nos sumó la vida.
Ay! Alberto querido. Que relato, fue como estar con vos . Se lo que as sentido. Creo que en algún rincón siempre vas a llevar a Olga y me parece perfecto, como me parece perfecto que hoy sea Kiki tu gran amor y compañera . Nadie remplaza a nadie y para lo que sea en esta vida estás dos mujeres acompañan en esta vida de distintos lugares con amores profundos he inolvidables. Gracias por compartir este texto tan tuyo. Abrazo de corazón! Querido Doc ❤
Gracias Pato querida!!!!
Estimado Alberto,siempre creando y dando vida a recuerdos tan entrañables, que en definitiva nos cuentan tús sentimientos,aventuras,realidades y de cómo te adaptaste para resolverlos y convertirte en un ejemplo para la familia,hijos y amigos !!! Gran Abrazo !!!
Gracias querido amigo!!!!
Abrazo Ricardo!!!
Querido Alberto. Qué profundo tu relato de lo ocurrido con Olga. Y que ejemplo de resiliencia y “luz” al encontrar a Kiki para recorrer un hermoso camino y traer a Julián para hacer aún más hermoso el vínculo familiar. Gracias por compartir tantas cosas, anécdotas, sufrimientos y alegrías que nos hace muy bien. Abrazo grande y el cariño de siempre para Kiki, Julian y para vos. Fuerza y adelante.
Querido César, hace cuarenta años que nos conocemos y aunque no nos encontremos con mucha frecuencia, somos amigos entrañables. Hemos estado cerca en momentos intensos.
Todo esto hace que tu comentario sea especialmente trascendente para mi, me llega y me conmueve.
Abrazo inmenso para vos, Marta y Luciano
Gracias Alberto por compartirme un momento difícil de tu vida y que muy poco conocía. Te mando un fuerte abrazo.
Nos hicimos vecinos un tiempo después de eso. Gracias Alfredo por leerme y comentarme siempre. Abrazo fuerte!!!
♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️ Te quiero amigo! Gracias x compartirlo!
Gracias Cari!!!! Cariño inmenso para vos!!!!
Estoy profundamente conmovida y también agradecida por permitirme compartir esos momentos de tu vida. Un abrazo fuerte Alberto!
Gracias Griselda!!! Tu afectividad es siempre muy reconfortante, el agradecimiento es mío. Muchos cariños!!
Albert momentos impactantes de tu vida que podes por suerte plasmar en palabras y compartir. Viendo las fotos de las torres gemelas con el impacto imagino q así te habrás sentido vos.en ese momento. Pero encontraste a Kiki que “ alguien” puso en tu camino, para que continúes transitándolo con amor y en familia. Abrazo
Exactamente así, como lo describís, sentí ese terrible golpe del accidente y la muerte de Olga: fueron «mis torres gemelas». Afortunadamente encontré en Kiki, en su inmensa dimensión humana, el sostén indispensable para seguir mi vida. Muchísimas gracias por tu devolución. Abrazo grande!!!
Que terrible tu relato, Alberto. Siempre, y nunca ,ni por vos, quise preguntarte qué sentías, como había sido.
Lo viví con vos y me conmovió.
Coincido con Judith que Kiki llegó a tu vida para sanar. Un beso enorme
Gracias por comentarme Miriam. Como bien lo señalas, todos coincidimos en que Kiki llegó, a mi vida, para sanarme. Nos queda, en todo caso, a cada uno, la interpretación particular de ese misterio que llamamos destino. Enorme beso para vos también!!!!
Querido Alberto, a pesar de la buena onda y el gran afecto mutuo, poco conocemos -vos y yo- de nuestras respectivas historias de vida. A diferencia de nosotros, nuestra amistad es muy joven todavía.
Así que leí tu posteo y compartí tus recuerdos, conmovido por la emoción y sacudido por el estupor, como si los acontecimientos y las vivencias relatadas estuviesen ocurriendo mientras los leía.
¡Qué trompada me pegaste, amigo…!
A pesar de la inapelabilidad de los hechos, a pesar del dolor y de la angustia -que fueron también míos-, rescato finalmente la sanación a la que hace referencia “la negra de la corneta” (no podía haber tenido un nick más simpático…).
Seguramente sabe muy bien de qué se trata porque no tengo dudas de que ella ha sido en gran medida artífice esencial para que vos la alcanzaras.
El abrazo de siempre.
Querido Dickie, es tan cierto que nuestra amistad es joven como que hemos pegado mucha onda desde que nos cruzamos (vaya un recuerdo afectuoso al querido Ramón).
El armar nuestros blogs y procurarnos darles un sustento ha influido mucho en que vayamos compartiendo cosas y conociéndonos.
Al respecto, valoro muchísimo tu estímulo y la charla de unos días atrás, gracias!!! Seguramente fueron decisivos para que «encontrara» ese texto garabateado de unos meses atrás y me decidiera a terminarlo.
Ha sido sanador, sin dudas, como sanadora ha sido la compañía de Kiki en todos estos años, con descendencia incluida.
El abrazo afectuoso de siempre!!!
Querido compañerito Alberto. Tal vez no sea oportuno en un sentido o, tal vez a destiempo. Puede que sirva para mitigar un dolor eterno y calmar de a poco una herida que nunca terminará de restañar. Despedí a mí hija Eleonora en el preciso momento en que su corazón dejaba de latir. Por suerte tal vez decidí, si es que cabe el término que mí deber era seguir adelante en honor a lo que ella fue y no a pesar de su falta. Un abrazo y mí solidaridad. Tony.
En el momento de despedirme de Olga me propuse, en ese instante de dolor angustiante, tratar de seguir adelante y ser, como persona, cada día, un poco mejor. Es lo que intento en forma permanente. Jamás podré esquivar la tristeza enorme de su pérdida pero atesoro, para siempre, los más lindos recuerdos.
He contado, y esto no representa un dato menor, con la invalorable ayuda, el acompañamiento y el amor entrañable que construimos con Kiki.
Abrazo grande para vos, Tony
Hola Alberto: Sos de los que se dan por entero en cada relación y en cada circunstancia. No se puede evitar al leer tu relato evocar la emoción, angustia e inmensa tristeza que hemos sentido quienes tuvimos la honda desdicha de sufrir pérdidas tremendas e inesperadas (en mi caso la de nuestro primer nieto de casi tres años). Pero la vida compensa y te apareció otro gran amor que llena con plenitud tu corazón y te dio dos grandes razones para seguir, ella misma y un hijo amado. La pintura de tus emociones en esas líneas es sencillamente conmovedora. Gran abrazo.- (P.D.: te aclaro que recíén pude leer y responderte porque el viernes Marta se operó el pie que la tenía casi inmovilizada y estoy haciendo mis primeras armas en la nada sencilla carrera de enfermería).
Impactante respuesta Pancho, te la agradezco con todo el corazón. Abrazo grande para ustedes!!!!
PD: te haré llegar en breve una foto autografiada de Florencia Nightingale, jajajjaja
Alberto, como siempre, conmovida con tus palabras, aunque conozco tu historia hace muy poquito!
Eso te condicionará a la hora de aprovecharte de un pobre señor que no puede contener su fiebre por los libros, sobre todo los libros jurídicos, jajajajaj
Hablando en serio, es una historia fuerte que mezcla por igual tristezas y ganas de seguir viviendo.
Muchísimas gracias por leerme Luciana!!!