al recuerdo permanente del querido Taco

Encuentro en el diario de La Plata de hoy que ayer murió el Dr. Rodolfo Tacchini. Fue mi Jefe de Servicio de Cirugía del Hospital Zonal de Agudos San Roque de Gonnet, el tan inolvidable como entrañable lugar en el que completé mi residencia de Clínica Quirúrgica y en el que tuve la fortuna y distinción de desempeñarme como Jefe de Residentes, también el ámbito hospitalario donde llegué a mi jubilación. El “Taco”, como lo llamábamos cariñosamente todos, fue un excelso cirujano, uno de los que más talento, gestos y estilos copió de su inigualable maestro, el mundialmente reconocido doctor José María Mainetti, alma máter de una de las dos escuelas emblemáticas e históricas de la cirugía platense a lo largo de su fecunda historia.

Guardaré siempre de él imágenes precisas, imborrables, verdaderas postales que enriquecieron mi formación y me ayudaron para adquirir conceptos prácticos y sólidos, esos que aparecen como herramientas indispensables a la hora de tomar decisiones o resolver un paciente. Era poseedor de un muy afinado sentido de la clínica, tenía, al respecto, una mirada aguda y cargada de experiencia.

Desde mi punto de vista su técnica resultaba casi insuperable a la hora de la exéresis, la ablación. Era muy capaz, preciso y veloz al momento de hacer el abordaje dentro de un abdomen complicado y manejarse con toda la soltura y seguridad, esa que le permitía resecar hasta lo que parecía imposible. Pasado ese momento, cuando llegaba el de la reconstrucción, en ocasiones, sus anastomosis pecaban, para mi gusto, por exceso, muchos planos, hilos demasiado gruesos, más propios de un operador medio que del avezado cirujano que habitaba en él.

Además de su destreza y experiencia médica, me quedan del querido Taco, su personalidad, su firmeza no exenta de generosidad, su inestimable apoyo y respaldo permanente para los más jóvenes. Todas cualidades que tuve la suerte de poder agradecérselas en persona, como corresponde, manteniendo sabrosas charlas en su casa o dedicándole un libro a quién yo no vacilo en destacar como uno de mis mejores Maestros junto a mi padre, el primero y más trascendente, y también al Negro Ferrari, Marcelo Berra, Ricardo De Simone, Daniel Fígari y el mismísimo Fernando Di Luca. De los extranjeros, imposible no recordar las enseñanzas del paulista Sergio Roll, de Avram Cooperman en Nueva York y también de Carlos Ballesta López en el Hospitalet de Llobregat, en Barcelona.

Querido Taco, has tenido la fortuna de dejar tras de ti una verdadera pléyade de discípulos que te recordaran muy bien, siempre con una sonrisa y el mejor de los afectos. Te tendremos siempre en nuestro corazón.

Octubre, 18 de 2019