de Jorge Yariv*

Vivía yo una vida nocturna muy activa, subía y bajaba rodando por los pasillos encaracolados y en plano inclinado, recorría laberintos Borgesianos vacíos de gente, mientras miraba en vidrieras iluminadas todo lo que el paraíso capitalista puede ofrecer.

Me gustaba ver las ofertas al final de cada temporada, me emocionaba ver al final de los inviernos las nuevas colecciones de verano y al final de los veranos las nuevas de invierno. Era mi recorrido de todas las noches, hasta que llegaba el personal de limpieza del shopping marcando así que comenzaba un nuevo día y era ya tiempo de regresar, con paso seguro y bien orientado, al local que ya era mi casa por mucho tiempo y a mi estante, el de las valijas de medida médium. Que puedo decir, vivía yo como Alicia, en el país de las maravillas.

Debo hacer una confesión. Al acomodarme en el estante, siempre me ubicaba de tal manera de no estar muy a la vista, un poco tapada por la valija colorada, muy vistosa. Yo, con mi color oscuro y en segunda fila, pasaba desapercibida. Podría seguir mi vida así por muchos años más.

Hasta que un día lo vi. Estaba paseando con su familia, pensé que debían ser su hija y su nieto… que presencia…arrollador, entrado en años (unos cuarenta más que yo) pero muy bien llevados, peinando pocas canas. Sin pensarlo dos veces, corrí disimuladamente la cuña que me frenaba y caí al lado de él, pero de costado. Imagínense, como un caballero se apresuró a ponerme de ruedas. Parece que ahí me tomó cariño, o le gusté, no sabría decirlo, pero hubo un click instantáneo. No lo pensó dos veces y me eligió.  Dijo que enseguida volvía, que tenían que ir con su señora y su hijo a MacDonald’s… (que error el mío, qué hago?! Claro, tan pintón que se consiguió una piba. Bueno parecen todos tan alegres, liberales como yo, ya encontraré la forma de compartir) … y enseguida volvía por mí. Yo estaba contenta, por suerte no me invitaron a McDonald’s.

Pero que nervios, pasaron horas interminables y no regresaban, hasta que por fin llegaron y se excusaron muy compungidos, explicando que habían perdido el camino de regreso al local (espero que no me pierdan a mí, pensé yo).

Nuestras primeras experiencias fueron inolvidables. El me llevaba tan seguro, ni pensar que recién habían llegado por primera vez a Tel Aviv, y eso a pesar de que haber caminado a la mañana la Vía Crucis en Jerusalén, con un sol de verano que parecía brillar especialmente para ellos. Tomando la delantera y sin consultar el mapa nos llevó directamente hasta la plaza del teatro Habima y de ahí por el Boulevard, sin dudar un instante.

Se veía que estaba feliz. Me tuvo plena confianza desde el primer momento. Cuando llegó la hora de empacar me hizo sentir satisfecha al decidir entregarme todos sus calzoncillos salvo los que llevaba puestos. Total, me dijo, no pesan mucho y es son solo por unas horas de viaje y enseguida nos vemos. Parece que la confianza que él me brindaba irradiaba a distancia; en el aeropuerto a mí no me revisaron ni me hicieron preguntas, pero a ellos y sus carry-ons los hicieron pasar por el magnetómetro.

Decolamos y yo me sentía en las nubes. Realmente, el vuelo fue muy corto, más de lo que yo pensaba, y yo  que bien… en dos horas se llega de Israel a Paris. El personal de tierra se acercó al avión, abrieron  la compuerta y en forma ordenada nos iban poniendo en un acoplado, a mis compañeras y a mí, mientras cantaban tan melódicamente la canción de Zorba el Griego, y con cada valija que iban pasando de mano en mano se escuchaba un inequivocable Evkaristó, Parakaló… Evkaristó, Parakaló… Y me dije, parece que mi francés esta oxidado.

Llegamos al edificio principal y nos colocaban muy suavemente sobre una cinta que lentamente entraba a la sala de recolección de valijas. Bueno, que les voy a decir, la cinta giraba, giraba como una calesita y se iba vaciando de valijas. Y yo decía, que estará pasando con ellos, tendrán problemas con la foto de pasaporte de su hijo Julián? Habrá tenido Alberto una discusión con su esposa Kiki por mi culpa? Estaba ya mareada y cuando paramos de girar no quedaba nadie y solo una mochilita y yo abandonadas sobre la cinta. Media hora más tarde me echó el guante una persona uniformada y me mira como preguntando qué haces acá? De puro nerviosa le contesté mirándolo con un…y usted quién es? Pero él estaba ya enfocado en la pantalla del televisor, mirando en directo el partido Argentina-Francia en el Mundial. Para hacerlo corto, habíamos llegado a Atenas!!

Cuando pude recuperar la respiración y dije, tranquila KIKE, pensemos en positivo. Seguro que Alberto pensó que yo iba a estar más contenta si no me tenía que tragar la fiesta de la Bastilla, tener que gritar Allez les Bleus festejando con ellos mientras oculto mi tristeza al pensar en Messi y encima tener que ir al Louvre para ver en la Sala de Grecia lo que se robó ahí Napoleón (de lo que habían tenido que dejar los Ingleses, por exceso de equipaje habrá sido?) En vez de eso seguramente pensó, le organizo a KIKE un recorrido que le permitirá ver todas esas maravillas en su contexto histórico y geográfico verdadero.

Me dijeron ahí en Atenas que en Paris cerraron el aeropuerto porque estaban todos borrachos de cerveza y con dolor de cabeza por tanto grito y ni siquiera pueden pronunciar De Gaulle, así que me tenían que enviar directamente a Londres. Yo les suplique que me enviaran a Santiago, que también ahí me puedo reunir con Alberto, o mejor aún a San Sebastián o a Biarritz, desde donde yo comenzaría el Camino del Norte a Santiago. Les explique que es un tema de Fe, que yo  venía de Tierra Santa y que si puedo sumar El Camino, solo me faltaría Roma y tengo cartón completo. Me entendieron pero me pidieron disculpas y me explicaron que el último vuelo al país Vasco salió para Pamplona para el 7 de Julio, que en esa fecha siempre tienen problemas porque el avión va lleno pero vuelve medio vacío, y los que vuelven, llenos de moretones; los próximos vuelos para esa zona recién se reanudan al final del verano, porque ahora hace mucho calor, así que no hay más remedio que enviarme a Londres. Tuve que aceptar. Por suerte Alberto me dijo en qué hotel paraba en Londres, cerca del Museo, así que les di la dirección. Pero para mi sorpresa, el vuelo seria recién el de mañana!!

Me resigné y les pregunte que se podía hacer por Atenas, pasear por algún lugar que tenga tanta onda y movida como Jaffa. Me dijeron que vaya a La Plaka. La Plata? pregunté, pero si es ahí donde vive Alberto!! No, La PlaKa, el barrio al pie de un Templo Griego de estilo Dórico, me dijeron. Pero acá también? Alberto me conto que La Plata está llena de Templos Griegos de estilo Dórico!! Tengo que verlo así le cuento. Salí a pasear, compré en unos puestos callejeros unos pistachos (buenísimos) y unos dátiles (riquísimos, gigantes), para llevarle a Alberto. Cuanto lo extrañaba!

Que les voy a decir, a la Acrópolis misma no subí porque hacía mucho calor y estaba lleno de piedras y mis rueditas con sus achaques ya no daban par eso. Pase al lado del Museo de la Acrópolis y me dirigí hacia La Plaka, y no me acuerdo mucho más, de un bar a otro, entre Slovaki y Giro y mucho Ouzo, de a copitas chiquitas, rompiendo platos al ritmo de  la música, y bailando en ronda con las manos levantadas pero cuidándome que no me abran los cierres, ni sé dónde pase la noche.

Cuando llegué al hotel en Londres, me pareció sentir que el reencuentro con Alberto era un poco frio. Sin decir mucho, me abrió pero a mí no me miraba a los ojos. Yo trate de no incomodarlo, tal vez está cansado, pensé, también yo desvié mi vista, y ahí, en el rincón la vi, estaba muy liviana de ropas, la Colorada, la quinta columna. Esto anunciaba un giro copernicano en nuestra relación.

Igual me recibió, me abrió la puerta, me acostó, y me saco todo lo que había, primero los calzoncillos. Nada más, para hacerlo corto, me llevaron a Galicia y pude ver Santiago, por lo menos eso, porque mas no tuve. Me trataron bien pero un poco frio, yo no sabía lo que me deparaba el futuro. Muy pronto se aclaró, fue en Madrid.

Me sacó del hotel a pasear y me dejó frente a Carlos III. Que me quiso decir con eso? Yo pensé que así no me van a dejar, yo ya voy arreglar las cuentas con esa hincha de Independiente que lo embaucó. Mientras trazaba mis planes, alguien me gambeteó por el costado y me levantó en el aire. Yo estaba por gritar faul !, pero miro otra vez y no lo puedo creer. Era Mbapee ! Sos justo lo que necesitaba, me dijo. YO? Para qué yo? Porque me tomo el avión a Buenos Aires y de ahí me voy a La Plata me dijo. Para qué, le pregunté. Me contrató Estudiantes y quieren que llegue antes de la final con Independiente. Esta es la mía pensé, la voy a golear a la Colorada. Que te parece, cuando llegamos a Ezeiza nos alquilamos un coche y nos vamos a La Plata? No, dije yo, mejor nos tomamos un remise; La Plata está llena de diagonales, me contó Alberto.

*Jorge Yariv, ex-platense, ex-alumno del Nacional como su padre. Contento cuando Estudiantes y Gimnasia empatan, hace milagros en Jerusalén desde hace 50 años.