de Jorge Yariv, nuestro colaborador permanente en Israel

Les escribo desde el Laboratorio de Investigación y Desarrollo que instalamos en la cocina. No podíamos ser menos, ese es el deporte nacional para todas las edades acá en Israel.

Día a día tenemos nuevos proyectos, a medida que la regulación de la cuarentena va variando y nos va guiando. El último fue poner el periódico en el horno, a 38 grados, para no tocarlo en frio. Se nos ahumó un poco y tuvimos que activar el purificador de aire que hay arriba de las hornallas.

Salimos entonces a la calle para airearnos, aprovechando la libertad que nos fue otorgada por unas horas más, hasta el próximo cambio de la regulación. Anunciaron que desde hoy a la noche no se podrá salir más de nuestro refugio (el término “casa” está restringido, salvo que este entre “comillas”), así que aprovechamos del libre albedrio del cual todavía gozamos, de distanciarnos no más de cien metros de nuestra “casa” y solo por unos minutos.

Teníamos ya una rutina, salíamos a la vereda, del lado que ilumina el sol, tirábamos la basura y caminábamos los cien metros hasta la esquina al norte, dábamos vuelta, pasábamos por el frente de “casa” y seguíamos caminando otros cien metros hacia la esquina al sur. De esa manera el bronceado resultaba simétrico.

Habíamos desarrollado un plan de defensa, si viene alguien sospechoso caminando por la misma vereda, prestamos atención de qué lado sopla el viento y así decidíamos si evitarlo por la izquierda o por la derecha. Si viene con la máscara estamos tranquilos, sabemos que es un/a ciudadano/a con conciencia social.

La avenida Rothschild hoy, en Tel Aviv

Cuando volvimos de nuestro último paseo nos pusimos nuevamente a trabajar en el laboratorio. Es que estamos desarrollando un respirador artificial que no requiera un médico para realizar una invasión endotraqueal y del cual se puede gozar sin salir de “casa”. Ya pudimos hacer funcionar la pieza que genera la presión positiva, a 50 milibares por arriba de la atmosférica. También decidimos que va a estar pintado de verde, para identificarlo con el oxígeno. Ahora estamos pensando donde podríamos conseguir un tubo de oxígeno y uno de nitrógeno. No estamos muy preocupados por eso, si no se nos ocurre le pediremos a Alberto que nos mande uno de cada uno.

Nuestras vecinas ya sacaron una solución que se hizo muy popular, un sombrero de mujer con edad de grupo de alto riesgo que hace homenaje a los de Elizabeth II y que, para adaptarlos a las necesidades de hoy, tienen en la copa una tela con filtro que deja airear el cabello, pero no deja pasar el virus. En realidad, el éxito se debió a que las mujeres lo usan para disimular las raíces blancas que van creciendo… El de hombre no tuvo tanto éxito porque los hombres de la edad de grupo de peligro generalmente no tienen cabello. Ahora las vecinas están trabajando en un método para sacar “en casa” el gel de las uñas de la mano.

Ah, y Judith se ocupa también de escribir un diario personal. De eso puede salir un libro de cocina con las recetas que ella está inventando en la otra punta de la cocina. Creo que tendría mucho éxito si se decide a publicarlo.

Judith y Jorge hoy, frente a su casa