El popular rompecabezas mejora la memoria y la retención de imágenes, ayuda a adquirir conceptos de habilidad matemática, fomenta el esfuerzo y promueve la capacidad de superación, la paciencia o la perseverancia, entre otros.

Fue creada por el escultor, arquitecto y docente húngaro Erno Rubik en 1974. Su intención era explicarles a sus alumnos como resolver un problema estructural a través de un proceso en el que se pudieran mover las partes de forma independiente, sin destruir el pilar central. Cuando intentó montar de nuevo el cubo, se dio cuenta que en realidad había inventado un rompecabezas.

A partir de 1980 se popularizó como puzzle. En ese sentido, es el juguete más vendido desde entonces en la historia de la humanidad, 450 millones de cubos.

Se ha revelado como una muy eficaz herramienta de la educación moderna y los colegios de primer nivel (de nuestro país y del exterior) lo han adoptado en sus currículas hace muchos años. Permite mejorar notablemente la concentración, mantener la atención, agilizar la memoria espacial y en el caso de la gente mayor -como yo- con dificultades motrices de sus manos por artrosis, es un excelente colaborador de la rehabilitación.

Me parece súper recomendable: para los chicos porque les complementa las habilidades que ya adquieren, de manera cotidiana, con el uso intensivo de la virtualidad y para los adultos, sin importar su edad, porque ejercita muchísimo varias funciones cerebrales y la coordinación neuromotriz cerebro mano. Eso sí, requiere dedicarle un tiempo importante aunque las endorfinas que genera su resolución constituyen un buen aliciente.